El otro día en el avión hacia Holanda, ojeando una de esas revistas que te miras cuando ya te han dicho que pares el ipod un par de veces, leí un artículo sobre un estudio "culinario" llevado a cabo por Joe Staton, investigador del Museo de Zoología Comparada de Harvard, llamado
"Tastes Like Chicken?" en el An
nals of Improbable Research, con fecha de 1998.
El señor Staton, emprendiendo un trabajo digno de un
gourmet, y con un estómago de hierro, saboreó con sus propias papilas gustativas, en nombre de la humanidad, todo el surtido de carne comestible posible. Así como entrevistó a gente que ha podido degustar alguna vez la carne de animales ya desaparecidos o protegidos por peligro de extinción. Incluso preguntó a los entendidos, entendemos por entendidos los conservadores del museo de ciencias naturales consultado por el investigador, sobre la
carne de los dinosaurios.
Bien, la conclusión de la investigación es que nuestro creador jugó sólo con cinco pastillas avecrem, y algunas le escaseaban, ya que sólo existen 5 sabores en el mundo y bastante improporcionales (pero que le vas a pedir con sólo siete días de margen y sólo barro y una costilla cómo materia prima):
- Sabor a gamba
- Sabor a cerdo
- Sabor a pollo
- Sabor a ternera
- Sabor a pescado
A resumidísimas cuentas tenemos que el sabor a gamba es privativo de la gamba y sucedáneos, así cómo el sabor a pescado, propiamente dicho, es sólo del atún. Por otro lado tenemos que el sabor a cerdo es compartido del cerdo con, casualmente, los humanos, por algo los polinesios denominan a la carne de sus enemigos, que tan anchamente se comen, como "cerdo largo". El sabor a ternera es de la vaca, caballos, ciervos, búfalos, avestruces y
ratas almizcleras. Y el gran triunfador es el sabor a pollo que encontramos en tan dispares animales aleatorios como el conejo, el gato, el ratón, la serpiente y la iguana así como todas las aves (excepto la ya mencionada avestruz) y el tyranosaurus rex. No es broma.
La explicación que nos da el autor a tan insólita conclusión es totalmente evolucionista (aunque me encantaba pensar firmemente que Dios también hace estudios de mercado). Argumenta que "el sabor a pollo es más el resultado de una herencia ancestral común que de una evolución convergente" pero pensándolo bien los antecesores del avestruz serían más próximos al de la gallina que al de la vaca, no? aunque el gato y t-rex tienen bastante más parecido, claro. A esto contesta con dispersos argumentos sobre el número de patas que se le viene abajo cuando piensa en el ciempiés. En fin, bla, bla, bla.
Para lo que os tiene que sevir este estudio es, al menos, para ir tranquilitos al McDonals y pediros vuestra hamburgesa que no puede ser de otra cosa que de vaca, porque no te pondrán ni ciervo, ni caballo, ni búfalo que van mucho más caros, y las ratas almizcleras sólo viven en Norteamérica así que supongo que la importación tampoco les saldría muy a cuenta...pero OJO con el McPollo, es el único candidato a poder ser ratita de la buena. Me siento muy "cazadores de mitos" ahora mismo.
Otro día ya discutiremos sobre el consumo de dicha carne, es algo sobre lo que hace tiempo que quiero escribir pero por hoy ya no me enrollo más, que llego tarde a clase.
(portada del artículo de la revista Ling)